Julio 17, 2008

Empezamos una rayuela…

Inauguración

Hoy, a caballo entre el extinto Día de la hondureñidad (14-julio) y el Día de Lempira (20-julio), abrimos este espacio (sin fundir placas ni cortar cintas) para platicar y leer de Honduras.

Aquí, aunque sin “calambres” ni el permiso de Tito Aguacate para la foto de cabecera, podemos hallarnos, pensar y comentar para dónde va Honduras y nosotros con ella, a dónde la llevamos… o dejamos que la lleven (y nos lleven).

Hoy, en el 2008 A.D. (Anno Domini), o pellizcando de la tradición china, en un ecléctico 0002 A.C. (Anno Caballus) -sin intención de ofender a ninguna especie- arrancamos desde un país que lleva ya unos cuantos años saltando inestablemente entre dos cuadritos: el 115 y el 116 de la rayuela en la que ponen las notas de desarrollo humano. Allí seguimos aplazados… aplazando sine die el casi esotérico desarrollo.

En 2002 los grandes de fuera nos quitaron su parte de la piedra (o la chapa ¿qué prefería?), aguantamos un rato todavía más al sol y por eso nos la devolvieron a finales de 2004. A finales de 2005 y para esta nueva era gubernamental, nos la cambiaron por una mucho más liviana con la que se podía aventar una esperanza moderada.

Nos tocaba cranear cómo hacemos para brincar aunquesea un cuadrito o dos cada cuatro años. Desde el suelo de 2006, y con una estrategia que tuviera la vista en el cielo rayuelero y los pies en tierra, moviéndose con orden, los avances se podían volver geométricos después de una cadenita de progresos moderados.

Pero no podemos contar esa historia. Antes de que se acabara ese enero usamos la liviandad, de la piedra, para repartir confites (a los más garrudos, claro), colocar a la mara en los cuadritos cómodos y dibujar más si no nos cabían todos, y pagar la mitad del precio de las charamuscas de toda la people, como diciendo al resto de los países -que las consumen o venden- “chiminicuarta para mí y para todos mis amigos”.

La imagen de la cuadra o el patio de escuela podría ser algo menos dramática si no hubiera 2 millones de  hondureños que nunca han pisado una escuela. Y si entramos en niveles más básicos, que desde hace demasiado urgen todos los días: alimentación y salud, la posible mueca de placentera nostalgia por las rayuelas, se vuelve casi tan severa como la del infalible caradeperro que gritaba “¡cipotes dejen esa bulla!”.

Entre anécdotas (las más) y actos responsables de gobierno, en lo que llevamos de esta Olimpiada equina (son 4 años y de nuevo, sin peyoración interracial alguna) se atiende más lo coyuntural que lo estructural, prevalece lo formal sobre lo material. Y atendiendo, por ahora, más a esas formas, las imágenes sobre la gestión actual del Gobierno, apelan en origen, más a la hípica que a la ética y la política (aristotélica). Por eso no es malicioso ni gratuito aludir a nuestro capo-ral y su troupe, según los signos de sus tiempos, marcados por:

  • Las imágenes ecuestres (“cuestren lo que cuestren”. Les Lutiers),
  • los sombreros y botas (con traje y corbata como accesorios de ocasión),
  • el activismo populista,
  • la estridencia,
  • la propaganda sistémica y
  • las intervenciones pseudocastristas (sólo por la extensión/divagación) y poco menos que omniscientes.

Hoy, más que “criticar por deporte”, es oportuno llamarnos la atención sobre lo que pasa y en qué pais-aje real estamos. Desde allí podemos buscar mecanismos más razonables y prácticos para movernos de cuadrito de rayuela, sin esperar a que nos lluevan hojas de tamal… Mejor aún si ya no nos dejamos tratar, ni nos comportamos como niños… hasta ahora, en el mejor caso, como cipotes distraídos.

Creo que el progreso es un juego de niños con la madurez y los precios de cada edad, y que el desarrollo nacional pasa ineludiblemente por que todos los niños jueguen rayuela… nutridos y sanos, en los recreos de una formación digna.

Nos leemos,

Otro Ciudadano.HN.

P.S.: Cambiando de clave y de rayuela, aquí esta una de letras notables: Rayuela. Cortázar.